El Caracazo

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¿Saben a qué vine yo aquí por primera vez, a este Palacio? Yo vine aquí por primera vez a buscar una caja de whisky. ¡Fíjate para lo que era este Palacio! Al teniente Chávez lo mandaron a hablar con el jefe de la Casa Militar en esta misma oficina. Era un general, y otro oficial, había una fiesta y faltaba whisky, porque había que tomar whisky. Me mandaron con una hojita a presentarme aquí y yo salí por allí con una caja de whisky. ¡Me da pena! Pero no me da pena, porque eso refleja en mucho lo que era este palacio, la loquera que era.

Años después, un poco más maduro, llegué ya mayor al Palacio Blanco, como ayudante de un general, de un buen jefe que tuve. Así que un día amanecí del Cajón de Arauca al Cajón del Guaire, y a los pocos días vinimos a la juramentación en este salón. Luego, con cierta habilidad que me dio la sabana y la vida, fui haciendo amigos por aquí: los oficiales que trabajaban, las secretarias, un viceministro. Así que yo caminaba por aquí, pasaba por el túnel. Vine a varias fiestas en este patio, champaña de la buena, de la más costosa, whisky, música.

En esos años vi con estos ojos a la mismísima Blanca Ibáñez, por esos pasillos, en el Salón de los Espejos, en varios eventos. Yo siempre la miraba y veía en su rostro la expresión del poder. El presidente Jaime Lusinchi era un hombre que no mandaba. El poder personal, digámoslo así, lo tenía Blanca Ibáñez. A tal nivel de degeneración habíamos llegado que todo el mundo sabía que ella era la amante del Presidente, y la esposa estaba allá en La Casona. Y aquí venía toda la alta sociedad, la burguesía, muchos altos dignatarios de la Iglesia, Fedecámaras, a brindar. Varias veces brindé en ese patio del Pez que Escupe el Agua, había muchas fiestas entonces aquí. Casi todos los viernes, era como dicen en las calles “palo y palo, compadre” y no era Magallanes precisamente. Una noche vi cómo se llevaron al Presidente, así como en las comiquitas, que sacan al borrachito dando pataditas en el aire, que no se quiere ir, así se lo llevaron. Estaba muy borracho, en verdad. Y tenía aquella fama que le hicieron los que dirigieron la estrategia comunicacional. Había un análisis de la sonrisa de Lusinchi y lo comparaban con la Mona Lisa, una sonrisa misteriosa: “el Presidente más bueno y más querido”.

Estaban entregados a la élite económica. Hacían muchos negocios y fue aquellos años donde la deuda del sector privado, por un acuerdo que se hizo entre el Gobierno de Lusinchi y el sector privado, se la echaron encima a la República. Así fue como, de un año para otro, Venezuela duplicó la deuda externa pública. ¿De dónde surgió? No fue que le prestaron dinero a Venezuela. La deuda que tenían los privados la asumió el Gobierno de Lusinchi y la seguimos pagando hoy. Les digo más, los papeles desaparecieron. La República pagaba la deuda de los ricos con dólares de las reservas internacionales, del dinero del pueblo. No la deuda de los pobres, sino de grandes empresarios, la elite, la burguesía. Ese acuerdo fue el que dio lugar a que Lusinchi dijera después: “La banca me engañó”. Pero se fue tranquilo y aquí nos quedamos nosotros. Todo eso son causas de “El Caracazo”.

Viví aquí el día que ganó Carlos Andrés Pérez. En la noche vi desde mi ventana llegar a Fidel Castro. Allá va Fidel, esperanza de estos pueblos —dije yo—, pero cómo acercármele. Recuerdo que el maestro John Sifontes era sargento, un afrovenezolano revolucionario. Estaba en el movimiento porque habíamos estado juntos en Elorza. Llegó un día muy contento a mi despachito en el Palacio Blanco y me dijo: “Mi mayor, me nombraron jefe de seguridad de Fidel, de la caravana”. “¿Qué le digo a Fidel?”. “¿Le hablo del movimiento?, porque yo hablo con él”. “No le puedes decir nada. Páratele firme, le das un saludo, el más enérgico que en tu vida hayas dado y con eso le dices todo. Le dices que el Ejército Bolivariano lo saluda”. Él cumplió, porque a los dos días me llegó. “¿Qué te respondió?”. “Me dio un abrazo”. El ejército bolivariano, pues.

Venía calentándose una situación, histórica, de caos moral, político, estructuras sociales totalmente desgastadas. Un pueblo sin rumbo, sin gobierno, sin representantes. ¿Recuerdan ustedes los nombres de aquellos carcamales del Congreso? La mayoría eran negociantes. En el Congreso los diputados eran puestos por los grandes medios de comunicación, tenían su cuota allí. Fedecámaras y los grandes sectores privados metían diputados y senadores. Era el reparto del poder, el Pacto de Punto Fijo. La embajada norteamericana, por supuesto, tenía entrada libre, me consta. Llegué a volar en el avión de la embajada de los Estados Unidos, porque yo era audaz, andaba jugando duro dentro del Ejército. Me hice amigo de los militares estadounidenses, de la embajada. Me acuerdo de Hugo Posei, a su casa iba, en Prados del Este. A mi ascenso a teniente coronel, un año después, fueron el coronel y los agregados militares de los Estados Unidos en el avión de la Embajada. Se llevaron un poco de gente de Caracas, fueron a Barinas a la celebración del ascenso.

Y llegó el lunes 27 de febrero. Llegué muy temprano aquí a Palacio. Me sentía mal de salud, tenía un malestar, venía de San Joaquín. Ahí vivíamos con mi esposa entonces, Nancy, y mis tres niños mayores. Me vine muy temprano para evitar la cola de aquí de los Ocumitos y la cola de Coche, para no llegar tarde al trabajo. Había que estar aquí a las siete, así que yo salía a las cinco de la mañana en mi carromato, “El Vaporón”. Trabajamos ese día, ya había algún movimiento. En la tarde me fui a la Universidad Simón Bolívar, estábamos haciendo el postgrado. Recuerdo con mucho cariño mis profesores de postgrado, algunos me critican hoy, pero no importa, recuerdo aquellos debates. Profesores algunos de izquierda, pero la mayoría de derecha. Esa noche no hubo clase en la universidad debido a los disturbios. Había un grupo de compañeros ahí a la entrada de la universidad que no tenían carro y yo les di la cola. Fui por allá, por La Trinidad, y me tocó ver, después que dejé a mis amigos cerca de sus casas, como saqueaban, policías, disparos. Me vine a Palacio esa noche, llame a mi general y le dije: “Mire, yo acabo de ver esto, esto y esto, y aquí en el centro de Caracas hay humo”. Me dijo: “Quédate ahí, me avisas cualquier cosa”. Al siguiente amanecí con fiebre, tenía lechina, estaba brotando. Me fui a la enfermería de Palacio y me mandaron reposo. Me le presento al general y me dice: “No te me acerques, que a mí no me ha dado eso, y es contagioso”. No conseguía gasolina para regresar a casa, estaban todas las estaciones cerradas. Era ya el 28, el martes en la mañana. Entré a Fuerte Tiuna y me tocó verlo en guerra. Fui a buscar gasolina con un compadre que era coronel. Me senté en su oficina y veo en el televisor aquel desastre. Salgo al patio, los soldados corriendo y unos oficiales mandando formación y a buscar los fusiles. Y le digo: “Mi coronel, ¿qué van a hacer ustedes?”. “¡Ay, Chávez!, yo no sé qué va a pasar aquí. Pero la orden que llegó es que todas las tropas salgan a la calle a parar al pueblo”. “¿Pero cómo lo van a parar?”. “Con fusiles, con balas”, incluso dijo: “Que Dios nos acompañe, pero es la orden”. Vi los soldados salir, los soldados logísticos que no son soldados entrenados. Esos son los que hacen la comida, los que atienden los vehículos. Hasta a los mecánicos los sacaron y les dieron un fusil, un casco y bastante munición. Lo que venía era un desastre, como así fue.

El primero de marzo matan a Luis Felipe Acosta Carlez, uno de los jefes del movimiento en Caracas. El 27 de febrero, sonaron las dianas del 4 de febrero. Como soldados nos sentíamos tan avergonzados, tan adoloridos después de aquella tragedia y recordábamos siempre entonces aquella centella que fue Bolívar cuando dijo: “Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo”. El 27 de febrero nos hizo llorar, nos hizo sangrar, pero recuerdo que yo no pude ni siquiera venir a nada, yo estaba que no podía ni hablar casi, una semana de reposo.

Cuando regreso a Caracas me fui a la tumba de Felipe, fue lo primero que hice. Otra noche iba subiendo las escalinatas del Palacio Blanco, regresando de la universidad como a las diez, once de la noche, y un teniente se me acerca, me dice que quiere hablar conmigo. El Ejército estaba encendido de un debate interno, sobre todo nosotros los humanistas, nosotros los más jóvenes. Había otros que no querían debatir, había otros que decían: “Para eso somos nosotros”. No, para eso no puede ser un Ejército, para masacrar niños, hombres, mujeres, desarmados. Todavía que fuera una guerrilla, una cosa armada, pero gente desarmada, inocente. Recuerdo la foto de un niño bocabajo tendido, tendría seis años; la recuerdo a color, la sacó algún periódico, uno de los tantos niños que murieron. Entonces el teniente me dice en la escalinata: “Mi mayor, yo quiero hablar con usted”. “Bueno, vamos a tomarnos un café ahí en la oficinita mía. “Mi mayor, aquí no, hay grabadoras”. Le dije: No, creo que no, pero vamos a hablar en el pasillo, a ver qué es lo que tú me quieres decir”. Él me dijo: “Mire, mi mayor, por ahí se dice que usted anda en un movimiento revolucionario”. Esos eran los comentarios desde 1986. Dos años atrás ya había empezado el rumor de que había un Movimiento Revolucionario y que yo era uno de los jefes. Nosotros teníamos mucho cuidado para la captación de gente, no podíamos equivocarnos, por uno que nos equivocábamos caía un grupo o a lo mejor todo el movimiento. Así que teníamos un proceso muy estricto de estudio de la personalidad, hombre a hombre, mujer a mujer, para la incorporación. Así que yo al teniente le dije: “No, usted está equivocado, son rumores, usted sabe, yo lo que hago es que estudio, hablo de Bolívar”. Y por ahí me le fui para no decirle absolutamente, sino dejarle abierta una puerta y luego estudiar al muchacho. Él ha estado aquí en la Casa Militar. Al final me dice: “Bueno, mi mayor, yo entiendo que usted no puede decirme nada, pero le voy a decir algo, si ese movimiento existe, por favor métanme, porque yo lo que viví y lo que vi, sería lo único que justificaría mi presencia en el Ejército, porque yo en un Ejército como este, no quiero ser soldado”. Ese muchacho después se fue de baja, yo le perdí la pista.

Ese fue “El Caracazo”, con los mártires del pueblo, ese estallido venía fermentándose desde décadas atrás. Hay que recordar lo que fue el 23 de enero y la traición al espíritu del 23 de enero. La entrega de Rómulo Betancourt, que se arrodilló ante el poder imperial de los Estados Unidos. Desde el suspiro de Santa Marta este pueblo fue traicionado una y cien veces por Páez, Guzmán Blanco y cuántos otros, doscientos años de traición, compañeros, compañeras, ya bastaba. Así que tenía que ocurrir y ocurrió “El Caracazo”.

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Flamijoquer

Nos hizo libertadores

 
16 Comentarios
  • maribel lopez
    22 septiembre 2012 / 12:09 am

    yo vivi en caracas en el caracaso y sufri mucho las consecuencias de los saqueos por eso volvi a mi san cristobal son recuerdos malos para mi y mis hijos pero ya superados ahora estamos en buenas manos

  • emilia rosales urbaneja
    24 septiembre 2012 / 04:09 pm

    si algunos tienen recuerdos tristes, pero lo importante es que gracias a ese despertar, donde murio mucha gente inocente, pero su sangre jamás en vano, gracias a esos mártires de la patria, impulsó la conciencia del pueblo, era el momento de Chávez, y los sigue siendo, porque mientras exista el imperio, siempre el espiritu del proyecto libertador, chavizta, tiene que estar vivo entre nosotros, y si nos corresponde morir, por esta causa, lo haremos, estoy segura que tendriamos el cielo ganado, pero no es hora de morir, sino de vivir y vencer!!

  • 26 septiembre 2012 / 08:09 pm

    yo lo vivi en la ucv estudios politicos empezando…el resucitar de aristobulo en ese momento

  • 05 octubre 2012 / 09:10 pm

    SE ME ARRUGA EL CORAZON CUANDO LEO CADA PALABRA, SIENTO IMPOTENCIA DE TANTA INJUSTICIA.

  • 12 octubre 2012 / 08:10 am

    Ese fue un trágico día, pero definitivo para la Patria. El Pueblo estaba ya cansado de tantas mentiras y de ver como se enriquecían cada año los más ricos y nosotros pasando hambres y miserias. Aquí en La Victoria también se hizo sentir el Pueblo, salieron a la calle a saquear, el hambre que los mataba, pero gracias a Dios, a ese Dios justo, pronto llegó el 04 de Febrero y la esperanza de ese mismo Pueblo molesto, Chávez con su por ahora, ese por ahora que estábamos seguros que se convertiría en un para siempre. Viva Chávez!!! Viva El Pueblo!!! Viva La Revolución!! y Viva el Socialismo!!!!! Viviremos y seguiremos Venciendo!!!!

  • 14 octubre 2012 / 01:10 pm

    en esa madrugada del 27 estaba en guarenas en el terminal ya comenzaba las discusiones entre pasajeros y transportistas pero esta vez el pueblo cansado le importo mas sublevarse a tener que llegar temprano a su trabajo y la posición de un pueblo se hacia mas firme cada segundo tanto fue que los conductores fueron retirando camionetas del terminal el pueblo se enfureció y no había arremetido contra nada pero actuaba con mucha decisión en eso se presentan en una patrulla dos policías y tratando de ayudar a los transportistas que se supone tenían derecho aumentar el pasaje pues este fue autorizado por el gobierno neoliberal de Carlos Andres Perez hicieron dos disparos al aire, podríamos decir que esa fue la mecha para encender ese polvorín pues la gente comenzó arremeter contra la camionetas y policías hasta ese momento todo parecía una manifestación más; en eso paso un conocido y me ofreció la cola para caracas y nos fuimos mi padre el y yo imagínense por lo que pase para regresar…

  • 14 octubre 2012 / 03:10 pm

    Inicio del cambio histórico, económico, político y social en nuestra patria, donde el soberano no pudo aguantar más hambre y decide hacer frente a los vulgares ladrones de cuellos blancos, para llegar a estas mejoras en la actualidad de la mano del Presidente Hugo Chávez. “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos” (Ali Primera)

  • 15 octubre 2012 / 11:10 am

    Mi querido Presidente Hugo Chavez! Es usted un hombre humanista,ama al pueblo desde lo profundo de su corazon,ama a los adultos mayores como sus padres,a los adultos como sus herman@s,a nosotros los jovenes como sus hijos, y a los niños como sus nietos,lo mas sagrado para el,los niños. Cuando Sucedio el caracazo Sr Presidente yo apenas tenia 7 años,pero estaba consciente de las necesidades q pasabamos en familia,vivia yo en la parroquia macarao en la Urb.Kennedy. Donde fueron saqueados varios locales comerciales entre ellos el mercado q surtia a los habitantes de Kennedy! Recuerdo claramente cuando yo estaba en el mercado del bloque 5 de kennedy,agarre un guacal que tenia cerca y le amarre un mecatico para arrastrarlo,y alli iba metiendo verduras,montes,papas y varios pescados q encontre en el piso,y en medio del caos pude bajar hasta el bloque 2 donde yo vivia. Mi familia recuerda mucho eso tambien,lo q hice entre tanta inocencia y necesidad. Abrazos.

  • 20 octubre 2012 / 07:10 pm

    La vida buena y facil para los q mas tenian asi fueran ignorantes o titulos comprados como blanca ibañez. Y lo dificil y mediocre para las masas pobres. Educacion y alimentacion, asi como salud y deporte apenas llegaban y limitadamente. Los gobiernos nos lanzaban las sobras como perros. El pueblo desperto;pero no por conciencie politica sino por hambre. La explotacion del hombre por el hombre se extralimito y las masas salieron a reclamar a protestar por el yugo que asfixiaba. Impuesto por el paquetazo que terminaba de hambrear y aniquilar la clase pobre. Y se dio la matanza del caracazo.del pueblo que salio por hambre a rechazar el paqutazo neoliberal. Dios nos libre del cancer del capitalismo de gobiernos hambreadores. Ahora si hay pueblo con madurez politica que cuida su tiempo y espacio. Es nuestra libertad hermanos!!!!

  • 21 octubre 2012 / 12:10 am

    El Caracazo fue la prueba de fuego para los militares venezolanos, representó el punto de quiebre entre una obediencia servil y una obediencia a La Patria, al deber militar, sin lugar a dudas fue un hecho que cambió la historia, un pueblo se enfrentó a un viejo modelo de estado que quería meterle un Paquete Económico, introducir una receta del FMI, como si fuéramos los Venezolanos conejillos de indias…Se equivocaron los tecnócratas en su ensayo, porque los herederos de Bolívar Libertador, levantaron su voz, encendieron su llama de libertad y avivaron el cambio necesario, pero no se doblegaron ante las malas ideas ni ante el FNBELGA, que rugió durante varios días sin razón, muchos cayeron pero hoy se demuestra que son héroes de la nación, porque despertaron a los buenos militares de que ya no había más opción, conquistar el poder para hacer una bella nación!!!

  • Toribia j. Salazar h.
    27 octubre 2012 / 02:10 pm

    Soy de Margarita Estado Nueva Esparta. Por motivos de estudio (presentando para el titulo de tercer oficial de la marina mercante) me encontraba en caracas,en casa de la familia de un compañero de clases y de allí nos trasladábamos a catia la mar a la escuela náutica a presentar los exámenes respectivos . Déjenme decirles que jamas en mi vida había visto tanta gente muerta junta apiladas en la carretera cerca de los puentes; y esas imágenes aun persisten en mi mente y no sabia la huella que había dejado en mi, hasta que realice un curso de sociopolitica y cuando mencionaron el tema no pude controlarme y arranque a llorar. También recuerdo a la familia del compañero cuando nos vio venir bajo fuego, lo único que hacían era persignarse y hacernos seña para que entráramos rápido al apartamento y luego nos abrazaron y besaron

  • 25 diciembre 2012 / 10:12 am

    Viví los estragos de esos momentos y fueron muy dolorosos al ver asesinatos de muchos jóvenes por la mano criminal de esos gobiernos llamados democráticos no fue fácil pero DIOS siempre hará justicia. Cuando el presidente Chávez se lanzó a las primeras elecciones no estaba decidida a votar al ver su cara en el tarjetón mis pensamientos fueron estos “vamos a darle la oportunidad a ver qué hace”, estaba yo en Vargas, al ver la calidad humana de mi presidente por la tragedia de Vargas de verdad me marcó dejó una huella en mi corazón y desde ese día entendí su amor por mi pueblo por eso le pido al SEÑOR que lo sane. Gracias por existir, le amamos, bendiciones estos es lo que usted sembró y esta es la cosecha amor y más amor…

  • 13 enero 2013 / 03:01 pm

    Increíble esta anécdota, al parecer en este país hay muchos que olvidan con facilidad, por culpa de los que gobernaron durante muchos años, llegaron esos días, 27 y 28 de febrero, y ciertamente nuestro ejercito masacro al pueblo desarmado, al que dio esa orden debería aun estar preso, la fuerzas armadas no están echas con este fin. El que porta un uniforme militar esta echo para defender al país y sus habitantes de potencias extranjeras. ASESINOS. Pueblo contra pueblo. Tenia que llegar, el huracán CHAVEZ, gracias a el, ahora hay justicia social, los que no tomaban en cuenta, son protagonistas, ya no son invisibles, van a clases, se preparan, pueden tener una vivienda, las misiones, mal que bien, los ayuda, los CDI funcionan. Y lo mejor de todo Chavez acabo con los partidos tradicionales, esos que se repartían el poder. y los nuevos, no terminan de consolidarse, así que abra PSUV para rato. No volverán tengan eso por seguro, MAS NUNCA, VIVA CHAVEZ y su REVOLUCION.

  • 13 enero 2013 / 08:01 pm

    No puedo describir la emoción que he sentido leyendo “El Caracazo” (¡hasta se me nublan los ojos!). Y es porque la frase del Libertador, citada por el autor del cuento, fué mi sueño desde que los militares de mi país (Sudamérica), que inducidos por Henry Kissinger al servicio de EEUU, violaron los derechos civiles de la población de varios de sus Estados. Nunca sentí rencor contra ellos (¿debería?), sino una gran vergüenza ajena; un gran dolor patriótico y una furia amarga y ardiente, contra la gringada que pagaba y amenazaba a nuestros soldados para que masacrara a su gente, como castigo por pensar diferente.
    El Soldado Coronel Hugo Chávez Frías, ha sido, es y será un ejemplo para todas las FFAA de la Patria Grande, de la América Sureña.
    El primer libro que escribí, se titula “Voluntarios de una Quimera…¿Quimera?”, es un homenaje al Pte.Bolivariaano. Aún no ha sido publicado, pero ya está esperando el fallo en un Concurso de Novelas en una Editora española.

  • 10 marzo 2013 / 01:03 pm

    el caracazo, estaba yo niña todavía no entendía el por que tanto dolor y miseria, los adultos no te explicaban lo que pasaba y los medios de comunicación no informaban lo que era, lo que si senti fue la miseria en la que estábamos, era un lujo tener un trozo de carne, en la casa.. muchos años pasamos y aguantamos tantas cosas, ahora con nuestro comandante en plena revolución entendi lo que en aquel tiempo nadie me explico, pues no le interezaban que recordaramos, que pensáramos,estudiar en auellos tiempos era un lujo habia que comprar un cupo en una publica, el que no tenia sencillamente no podia. Bueno el comandante nos enseño tantas cosas… el valor al conocimiento no tiene precio!!

  • 15 marzo 2013 / 12:03 am

    Fui militar, y se me salieron las lágrimas al leer todo esto…. Me duele, me da mucho sentimiento, se lo que se siente….

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